¿HAS PERDIDO TUS DETALLES?

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Pablo Estatua Libertad

Pablo, cariño, hoy estás en el colegio mientras escucho a un periodista español hablar mal de ti. De ti y de otros tantos niños como tú que nacisteis con una genética no común: un cromosoma extra que, a ojos de algunos, obliga a haceros de menos. Menos seres humanos, menos merecedores de lo que nos corresponde a otros, menos respetables. Y todo por nacer con síndrome de down. Un día te diré que me molesté al escuchar a ese señor, como te molestará a ti. Y, después, te explicaré por qué algunas personas, desgraciadamente, piensan así.

Algunos no lo dicen tan claro, pero dicen cosas parecidas cuando, al pensar en ti, les das lástima o, peor, rabia, porque no viven conforme a la vida que ellos dictan que todos hemos de vivir. Cuando te ven, piensan en una vida con memos “calidad”, una vida de dificultades y penurias, una vida de desgaste y en blanco y negro. ¡Y qué equivocados están! Tú, mamá y yo, sabemos cuántas veces tenemos que hacer esfuerzos extras, claro que sí, que vamos a otro ritmo, que a veces nos preguntan por qué, en ocasiones, no se te entiende del todo. Sí, pero no conocen el gozo y la alegría de conseguir nuevos y pequeños retos, no conocen la felicidad de un nuevo y diminuto logro, no conocen la satisfacción de un esfuerzo recompensado por un breve paso. Viven sus vidas sin dificultad o apartándose de ella, y se han acostumbrado tanto a esas vidas, que no son capaces de apreciar el esfuerzo de otros y la alegría que se encuentra en ese camino.

Quizá para ellos la felicidad es la ausencia de esfuerzo o dificultades, y allá cada cual con sus fantasías, pero que nos tengan que venir a decir a nosotros, con esa arrogancia, que no podemos ser felices, que nuestra vida es un despropósito o una aberración, no estoy dispuesto a escucharlo sin levantar la voz, ¡faltaría más! Si sus ojos están manchados con el corrosivo ácido del materialismo, nosotros apostaremos por el amor y el humanismo; si su voz se alza en favor de una sociedad con unos pretendidos patrones de perfección humana, nosotros gritaremos más alto en favor de la compasión y la vulnerabilidad de todos; si se sienten ofendidos por nuestra alegre presencia, caminaremos más firmes y más contentos, orgullosos de quienes somos. 

Pablo, hijo, siempre he dicho que nunca te cambiaría por nada, y en diferentes foros he defendido esta idea, con muy distintas reacciones. He dicho, y me reafirmo, que si me dieran la posibilidad de que desapareciera el síndrome de down, no lo borraría. Y  quiero que sepas que no lo haría porque dejarías de ser tú, y a ti, como eres, te quiero con todo mi corazón. Así eres tú, y así te quiero. Y así soy yo. 

Por eso, siempre que puedo, hablo de ti. Porque eres un orgullo, y porque quiero que el mundo sepa lo que también puedes enseñar: mucho amor, amor sin vendas ni rencores, un amor limpio y sincero, el cariño en bruto, sin trampa ni cartón, siempre muestras lo que hay, sin esconder nada y sin fingir algo que no existe; enseñas la compasión a través de la vulnerabilidad, y cómo podemos acerarnos a otro ser humano, independientemente de nuestros recursos; enseñas el esfuerzo y la tenacidad, porque cada paso tuyo exige tanto que puedes ser un ejemplo para todos de constancia y persistencia; y enseñas, desde una frágil ingenuidad, que lo importante es ser, no tener ni hacer. Enseñas, cariño, y me has enseñado, a replantearme qué es lo que de verdad más importa en esta vida, y que no es conseguir una alta calidad de vida, sino vivir con una alta calidad de amor en esta vida.

Los que tenemos la suerte de creer y confiar en Dios, es cierto que tenemos el camino más fácil, y a Él le pido que también a ti y a nosotros, nos ayude en este amar y en el caminar. 

Son muchos, muchísimos los amigos, que aquí en México y en España, también te quieren y te ayudan. A ellos, a vosotros, nuestro eterno agradecimiento. Sabéis cuánto os queremos. Y, por desgracia, habrá también quien no te entienda – nos entienda -, o quien no se atreva a indagar o a decirse a si mismo que es un camino maravilloso. Ambos merecen nuestra compasión, pero también nuestra firmeza.

Por eso hoy escribo estas letras, para decirte que te quiero. Sí, como todos los días, y hoy, más que nunca, gritarlo al mundo.  Y esta vez, desde la firmeza y el cariño, alzar ese grito lejos y, especialmente, a todos los que te quieren y te ayudan: ¡gracias por estar cerca! Y, a los que no lo hacen, me permito susurrarles pobres ignorantes, pues no saben lo que se pierden.

Te quieren, tu padre y tu madre, tu familia, y tanta y tanta gente. ¡Te queremos así Pablo!

 

PD. Un vídeo, una entrevista que puede que sirva para algo bueno. Quizá, por su brutalidad, sirva para despertar a quienes se manejan en la complacencia o se parapetan en la ignorancia de no saber a dónde podemos llegar con ciertos planteamientos. Gracias a “La Pandereta” por el corte. Y, sobre todo, gracias a Rafael y a Nico

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Luis siempre fue uno de los jóvenes más inteligentes de su clase. Al parecer había tenido un gran desempeño en su carrera, pero cuando ve a algún conocido, nota que algunas personas que no tenían un gran desempeño como el, lo han superado o han logrado más en muchos aspectos. A veces Luis se pregunta: «¿Qué estoy haciendo mal?»

¿Te suena familiar? Es posible que te sientas identificado con Luis, o que tengas un conocido que lucha con sentimientos similares. La inteligencia es, sin duda, un gran activo, pero no lo es todo. Y a veces, cuando las personas dotadas intelectualmente no logran todo lo que quisieran, es porque se están saboteando sutilmente.

Puede que te encuentras en esta situación, pero, la buena noticia es que cuando comprendes estos puntos débiles puedes cambiarlos. Aquí hay cinco puntos con los cuales puedes empezar a trabajar:

1. Las personas inteligentes a veces devalúan otras habilidades y se concentran demasiado en el intelecto. Las personas muy inteligentes a veces creen que su éxito es inevitable debido a su intelecto, y no consideran que otras habilidades sean importantes. Por lo tanto, no invierten tiempo y esfuerzo en desarrollar estas habilidades.

Estos puntos de vista no salen de la nada. La mayoría de las personas tienen una tendencia natural a querer sacar provecho de sus fortalezas y, por el contrario, preferirían evitar pensar en áreas en las que no son naturalmente tan fuertes.

En la mayoría de los lugares de trabajo, se necesita más que inteligencia pura para salir adelante. Y el solo centrarse en tu mayor fortaleza, en lugar de abordar tus debilidades, tiende a ser un auto-sabotaje.

Solución: Usa tus fortalezas para superar tus debilidades. Si eres bueno aprendiendo, simplemente puedes aprender las habilidades que no son tan naturales para ti.

2. El trabajo en equipo puede ser frustrante para personas muy inteligentes. Cuando alguien capta conceptos rápidamente y tiene altos estándares para su propio desempeño, puede tener dificultades cuando trabaja con otras personas que tardan más en procesar la información y entender conceptos.

A las personas inteligentes a veces también les resulta difícil delegar debido a la sensación de que pueden hacer mejor una tarea (independientemente de si esto es realmente cierto). Esto es debido a que tienden a ser perfeccionistas.

Solución: Se compasivo con tus reacciones internas y trata de comprender de dónde vienen, pero también aprende a apreciar genuinamente lo que diversas mentes aportan a un equipo.

3. Las personas inteligentes a menudo atribuyen gran parte de su autoestima a ser inteligentes, lo que puede disminuir su resiliencia. Si gran parte de tu autoestima se basa en tu inteligencia, puede ser muy difícil estar en situaciones que revelen brechas en tu armadura. Cualquier situación que provoque sentirse no inteligente es experimentada como altamente amenazante. La persona inteligente puede incluso tratar de evitar esas situaciones, lo que finalmente frena a la persona.

Solución: Toma una visión objetiva de los beneficios de trabajar con personas que, en algunos aspectos, son más inteligentes que tú. Si te estás rodeando de gente inteligente, estás haciendo algo bien. Recuerda, el hierro afila el hierro.

4. Las personas inteligentes se aburren fácilmente. Ser inteligente no es exactamente lo mismo que ser curioso, pero si tienes estas dos cualidades, es posible que te aburras fácilmente. Algunos tipos de éxito provienen de la creatividad, pero otros vienen de convertirse en un experto en un ámbito y realizar un conjunto de comportamientos repetidamente. Si eres inteligente, curioso y te encanta aprender, es posible que descubras que pierdes el interés rápidamente en cualquier cosa una vez que lo hayas descubierto.

Solución: Intente tener una visión diferente para tolerar un poco más el aburrimiento. En lugar de intentar un cambio dramático, comenzar por tolerar períodos cortos (unos pocos minutos u horas) de aburrimiento podría tener un impacto muy beneficioso.

5. Las personas inteligentes a veces tienen un pensamiento profundo y reflexionan mucho en como dar solución a cada problema. Las personas brillantes están acostumbradas a tener éxito a través de sus habilidades de pensamiento, pero a veces pueden pasar por alto cuando un enfoque diferente sería más beneficioso.

Solución: Date cuenta cuando un pensamiento se convierte en una obsesión enfermiza. Considera otras estrategias que pueden tener más probabilidades de resultar exitosas. Amplía tu gama de habilidades para llegar a la información de manera que no seas la persona que ve cada problema como un clavo porque su única herramienta es un martillo. Finalmente, cuando te encuentres atorado en un pensamiento negativo, interrumpe todo y enfócate en algo distinto. Esta puede ser una estrategia sorprendentemente efectiva para salir del pensamiento negativo.

¿Con cuál de estos cinco patrones te identificas más? ¿Tienes algún conocido que parecen caer en estas trampas?

Hay ocasiones en las que tienes demasiadas cosas por hacer que incluso necesitas más tiempo del necesario para poder realizarlas. Has priorizado, has planeado, has delegado, has tratado de enfocarte. La próxima frontera es aumentar tu eficiencia para que te pueda tomar menos tiempo realizar tus tareas y sin bajar tu calidad.  

Pero, exactamente qué estrategias funcionarán mejor para que la puedas emplear dependiendo de la situación.

Estas cinco estrategias pueden ahorrarte horas cada semana.

Aclarar las expectativas reales

Cuando asumas una tarea importante, habla con las partes interesadas sobre los resultados que esperan obtener. Al aclarar lo que realmente se necesita y a qué nivel, puedes ahorrar horas de tiempo en decidir qué hacer y cómo hacer las tareas.

Reutiliza material anterior

Tu capacidad para reducir el tiempo al reutilizar y reciclar el trabajo dependerá de tus responsabilidades particulares. Pero donde puedas, copia, pega, y edita. Eso podría ocurrir con correos electrónicos, presentaciones, capacitaciones, propuestas y casi cualquier otro tipo de actividad en la que estés comunicando algo muy similar.

Esta estrategia ha demostrado ser muy útil. Cuando te presionen para ganar tiempo, lucha contra la necesidad de actualizar o cambiar completamente los materiales, y usa algo que ya tienes para ahorrar horas y entregar el mejor contenido.

Desarrolla plantillas y emplea un checklist

Para acelerar los procesos en tu rutina, crea plantillas y checklist. Por ejemplo, crea una plantilla de correo electrónico que completes cada año para enviar a tu contador con información fiscal de fin de año. Y sobre una base mensual, revisa un checklist de tus finanzas.

Es posible que puedas crear plantillas para diversas actividades como informes semanales, presentaciones o minutas de reuniones. Tanto las plantillas como los checklist te permiten hacer un buen trabajo en menos tiempo porque no necesitas dedicar tiempo a recordar qué hacer o decidir el próximo paso.

Hazlo una conversación

Dependiendo de lo que necesites lograr, puedes ahorrar tiempo compartiendo verbalmente lo que has hecho. Por ejemplo, tal vez tu gerente te pidió investigar un tema en particular. En lugar de redactar una presentación formal, puedes lograr tus propósitos en menos tiempo al tomar notas y luego comentar tus conclusiones durante una reunión individual.

Esta estrategia también puede funcionar bien si necesitas comunicarte sobre conceptos más abstractos, como el diseño.

Utiliza la técnica Time Box

Finalmente, una estrategia para seguir haciendo un buen trabajo en menos tiempo es decidir de antemano cuánto tiempo dedicarás a una tarea particular o parte de una tarea, y luego cumplirla. El Time Box no garantiza que terminarás el trabajo en el tiempo asignado. Sin embargo, definitivamente puede ayudar con el enfoque. Y la decisión anticipada sobre la inversión de tiempo ayuda a la Ley de Parkinson, el trabajo se expande para completar el tiempo asignado para que funcione en tu beneficio.

Todos tenemos nuestros límites, así que no puedo prometer que todo se resolverá usando las estrategias anteriores. Pero cuando empleas estas técnicas, te aseguro que sí veras cambios positivos en tus tiempos.

«¿Cual es tu mayor debilidad?»

Una de las respuestas más comunes a esta pregunta en una entrevista de trabajo es: «Soy un perfeccionista». ¿Pero es el perfeccionismo una debilidad? ¿No lo verían muchos entrevistadores como una fortaleza?

Una investigación intensiva ha encontrado que la psicología del perfeccionismo es bastante compleja. Sí, los perfeccionistas se esfuerzan por producir un trabajo impecable, y también tienen mayores niveles de motivación y de conciencia que los no perfeccionistas. Sin embargo, también es más probable que establezcan estándares inflexibles y excesivamente altos, para evaluar su comportamiento de manera demasiado crítica, para tener una mentalidad de todo o nada sobre su desempeño («mi trabajo es perfecto o un fracaso total»), y creer que su autoestima depende de un desempeño perfecto. Los estudios también han encontrado que los perfeccionistas tienen niveles más altos de estrés, agotamiento y ansiedad.

Entonces, mientras que ciertos aspectos del perfeccionismo pueden ser beneficiosos en el lugar de trabajo, las tendencias perfeccionistas también pueden perjudicar claramente a los empleados en el trabajo. ¿Esto lo hace una debilidad?

Recorrimos cuatro décadas de estudio sobre el perfeccionismo para responder a una pregunta más básica: ¿Funcionan mejor los perfeccionistas en el trabajo? Llevamos a cabo un metanálisis de 95 estudios, realizado desde la década de 1980 hasta hoy, que examinó la relación entre el perfeccionismo y los factores que afectan la eficacia de los empleados.

Tras cuatro décadas de estudio sobre el perfeccionismo para responder a una pregunta más básica: ¿Funcionan mejor los perfeccionistas en el trabajo? Se llevó a cabo un metanálisis de 95 estudios, realizado desde la década de 1980 hasta hoy, que examinó la relación entre el perfeccionismo y los factores que afectan la eficacia de los empleados. Estos estudios incluyeron a casi 25,000 personas en edad de trabajar. Se descubrió que la respuesta corta es que el perfeccionismo es una debilidad mucho mayor de lo que probablemente suponen los solicitantes de empleo y los entrevistadores.

Los resultados afirman que el perfeccionismo predice de manera significativa y consistente varios resultados «beneficiosos» en el lugar de trabajo. Por ejemplo, los perfeccionistas están más motivados en el trabajo, trabajan más horas y pueden participar más en el trabajo.

Sin embargo, los resultados también indican que el perfeccionismo está relacionado de manera fuerte y sistemática con numerosos resultados «perjudiciales» y no laborales, que incluyen niveles más altos de agotamiento, estrés, adicción al trabajo, ansiedad y depresión.

Si bien estos efectos fueron consistentemente evidentes para los perfeccionistas en general, un examen más detenido arrojó importantes distinciones sobre cuándo estos efectos fueron más o menos extremos. La investigación ha identificado dos subdimensiones distintas pero relacionadas del perfeccionismo. El primero, que se llamó perfeccionismo en busca de excelencia, involucra tendencias para fijarse y exigir estándares excesivamente altos. Los perfeccionistas que buscan la excelencia no solo evalúan estrictamente su propio desempeño, sino que también tienen altas expectativas de desempeño para otras personas en sus vidas. El segundo, que se llamó perfeccionismo evitador de fallos, implica una preocupación obsesiva y la aversión a no alcanzar los estándares de alto rendimiento. Los perfeccionistas que evitan las fallas están constantemente preocupados de que su trabajo no sea lo suficientemente bueno o correcto y creen que perderán el respeto de los demás si no logran la perfección.

Los resultados demuestran que las tendencias de los perfeccionistas pueden centrarse en solo una o en ambas subdimensiones, y que este enfoque produce resultados ligeramente diferentes. Los efectos «benéficos» del perfeccionismo fueron más fuertes para aquellos con mayor perfeccionismo en busca de excelencia que aquellos que exhiben más tendencias perfeccionistas que evitan el fracaso. Por otro lado, los efectos «perjudiciales» del perfeccionismo fueron más fuertes para los que tenían mayor capacidad para evitar el perfeccionismo, pero por lo general todavía estaban presentes para las personas con un mayor perfeccionismo que buscaba la excelencia.

Críticamente, los resultados mostraron que el rendimiento y el perfeccionismo no estaban relacionados entre sí: los perfeccionistas no tienen mejor o peor desempeño que los no perfeccionistas. Incluso los empleados con un alto nivel de perfeccionamiento en busca de excelencia no tuvieron un mejor desempeño. Sin embargo, no se pudo identificar una razón específica por la ausencia de la relación. Es posible que los perfeccionistas pasen demasiado tiempo perfeccionando ciertos trabajos o proyectos mientras descuidan otras tareas o proyectos. Alternativamente, tal vez las ventajas obtenidas por las tendencias perfeccionistas de los empleados sean eliminadas por las consecuencias de esas mismas tendencias. La identificación de causas definitivas requerirá futuras investigaciones.

En conjunto, los resultados indican que el perfeccionismo probablemente no es constructivo en el trabajo. Se encontró una consistente relacion entre el perfeccionismo y las variables ampliamente consideradas como beneficiosas para los empleados y las organizaciones (es decir, la motivación y la conciencia). Sin embargo, críticamente, no se encontró un vínculo entre el perfeccionismo y el rendimiento. Esto, junto con los fuertes efectos del perfeccionismo sobre el agotamiento y el bienestar mental, sugiere que el perfeccionismo tiene un efecto perjudicial general para los empleados y las organizaciones. En otras palabras, si se espera que el perfeccionismo afecte el desempeño de los empleados al aumentar el compromiso y la motivación, entonces ese impacto está siendo compensado por fuerzas opuestas, como mayor depresión y ansiedad, que tienen consecuencias graves más allá del lugar de trabajo.

Esto no quiere decir que los gerentes deban desestimar a los candidatos o empleados con altas tendencias perfeccionistas. Más bien, los gerentes deben buscar aprovechar los beneficios y al mismo tiempo reconocer y mitigar las posibles consecuencias.

Tomar medidas para administrar mejor a los perfeccionistas se convertirá en una mayor prioridad de gestión. Un estudio de casi 42,000 jóvenes en todo el mundo encontró que el perfeccionismo ha aumentado en los últimos 27 años. Tratar de ser perfecto no es excesivamente beneficioso para los empleados y tiene costos significativos para los empleados y las organizaciones.

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