¿HAS PERDIDO TUS DETALLES?

Blog

El doctor Stewart G. Wolf  fue uno de los protagonistas de una de esas historias que cuando la lees o te la cuentan, impactan. Todo comenzó a finales del siglo diecinueve, en una villa medieval llamada Roseto. Un grupo de once rosetinos, tomaba un barco rumbo a Nueva York, en busca del sueño americano. Una vez llegados a América, encontraron trabajo cerca de Pensilvania, en una cantera de pizarra y, transcurridos unos meses de arduo trabajo pero de ganancias abundantes, en su pueblo originario se corrió la voz sobre aquella tierra de oportunidades, decidiéndose a viajar hacia el nuevo mundo nuevos grupos de vecinos. Formaron, así, un pueblo italoamericano al que dieron por nombre, también,  Roseto.

Hasta aquí, nada fuera de lo común. Es más, si no hubiera sido por el Dr. S. Wolf, su historia hubiera pasado inadvertida. Y es que cierto verano que el Dr. Wolf veraneaba cerca de la zona del Roseto americano, fue invitado a pronunciar una conferencia y, tras la misma, pudo compartir tarde, cerveza y experiencias, entre otros, con un médico local, que le contó algo sorprendente. Por aquel entonces, la principal causa de muerte, entre varones menores de sesenta y cinco años, tenían que ver con afecciones cardíacas y, aquel médico de pueblo se extrañaba – según sus palabras – de que en todos sus años de ejercicio de la medicina, rara vez hubiera encontrado a un paciente en Roseto, menor de esa edad, con problemas cardíacos.

El Dr. S. Wolf, que llegaría a ser reconocido internacionalmente como pionero de la medicina psicosomática, se decidió a investigar aquel asunto y comprobó, efectivamente, que en aquel pueblo italoamericano, prácticamente nadie menor de cincuenta y cinco años, había muerto de infarto ni mostraba síntoma alguno de este tipo de afecciones. Incluso la tasa de mortalidad por enfermedades cardiovasculares era aproximadamente la mitad de la media estadounidense. Si, entonces, era un caso excepcional, habría que estudiar las causas para poder exportarlas al resto del país y hacer conocedores de ello a sus colegas de profesión. Así que pidió ayuda a su amigo, el sociólogo J. Bruhn, y emplearon estudiantes de medicina y sociología, entrevistando a los habitantes del pueblo, en búsqueda de la “piedra roseta” de la medicina moderna.

¿Y qué es lo que encontraron?, ¿se debía esa salud de hierro a que, quizá, practicaran hábitos saludables en grado extraordinario? Pues de ninguna manera. El tabaco era habitual entre ellos; la dieta, estaba cargada de salami, jamón, salchichas y huevos; y el ejercicio se nombraba más que practicarse. Tampoco tenía que ver con la situación geográfica -muy parecida a la de otras comarcas-, ni con el clima, ni, tan siquiera, con los genes. La diferencia fundamental residía en sus relaciones. Sí, en la conexión que existía entre ellos como vecinos y sociedad: se reunían en diferentes asociaciones, respetaban a los mayores y jerarcas con dignidad y afecto, se reunían entre ellos con motivo de cualquier excusa o celebración, cocinaban unos para otros y compartían desde la igualdad y la colaboración. Habían creado una red relacional tan fuerte e intensa, que les protegía y les hacía más inmunes a la enfermedad.

Hoy en día, puede seguir pareciéndonos extraña esta explicación. Quizá aún más en un mundo en el que el iPod, los auriculares o la televisión nos tengan a tantos como clientes. Pero ya en 1963, el poeta T.S. Elliot , dejó escrito algo que aún sigue teniendo sentido: y es que “la televisión permite que millones de personas se rían simultáneamente del mismo chiste pero, a pesar de ello, sigan estando solos”

La fuerza, el potencial de la relación humana siempre ha sido una realidad y, hoy, como dice Goleman , el descubrimiento más importante de las neurociencias, tiene que ver con la programación de nuestro sistema neuronal para conectar con los demás, estableciendo “un vínculo intercerebral con las personas con las que nos relacionamos”. Ahí reside una de las claves de la plasticidad de nuestro cerebro, cambiamos a medida que nos relacionamos. Nuestro propio diseño cerebral nos hace sociales y esa misma sociabilidad, nos ofrece múltiples beneficios. Combinada esa neuroplasticidad, con el tipo de relaciones que escogemos – con quién y cómo nos relacionamos – y con el efecto de contagio emocional, encontramos algunas claves para hacer frente a la enfermedad del siglo veintiuno: el estrés.

Es curioso que el propio Dalai Lama, cuando le preguntan sobre el ejercicio y el yoga, lo que conteste es que “sólo se trata de actividades físicas”. “Quienes las practican -explica- no están equivocados, pero tampoco eso los hace más felices puesto que no salen de sí mismos. Para ser feliz, se precisa entrenamiento mental, redescubrir la compasión, pensar en los demás”. Simplemente, conexión.

Hoy sabemos que la compasión, las relaciones afectivas, son la clave de la activación del sistema nervioso parasimpático, que sirve de antídoto al estrés y se ha asociado a presión más baja, mayor inmunidad y mejor salud en general. Nuestras experiencias afectivas despiertan una parte de nuestro cerebro límbico que estimula determinados circuitos neurológicos que liberan, en la sangre, un grupo distinto de hormonas – vasopresina y oxitocina – que reducen la presión sanguínea y refuerzan el sistema inmunitario.

Desde que nacemos, necesitamos conexión para crecer física, psiquica, emocional y espiritualmente. Nuestros circuitos neuronales -que se forman de manera preponderante en los primeros cuatro años de vida-  necesitan, especialmente en ese tiempo, del afecto, pues es el periodo de mayor plasticidad cerebral, si bien, nuestro cerebro se moldea diariamente a través de nuestras relaciones sociales.

La conexión, significa, estar con el otro y para el otro, generar interés y confianza; sentir, entender y ofrecer. Afecto y compasión. Cada encuentro es un momento de eleción para generar conexión: un saludo, una sonrisa, las gracias o un adiós. Detenernos y escuchar. Preguntar, sorprender, proponer. Y, al final del día, el pico más alto de conexión lo recordaremos como el momento más alto de satisfacción.

Es cierto, ningún hombre es una isla, como dijo John Donne . Y hoy sabemos con certeza, que no sería bueno que lo fuera. Nuestra calidad en las relaciones será un factor determinante para nuestro bienestar. La calidad de nuestras conexiones sociales y emocionales, hablará de nuestra felicidad. Es la fuerza e impacto, pues, del factor conexión.

La inteligencia emocional es una habilidad imprescindible para los líderes, por lo que necesitas desarrollar esta habilidad.

Los líderes con alto nivel de inteligencia emocional no pierden la calma. No retienen sus emociones. Tienes que aprender sobre los comportamientos que como líder debes evitar para construir tu inteligencia emocional.

Está bien. La mayoría de nosotros podría mejorar aspectos de nuestra Inteligencia Emocional. Según Daniel Goleman, conocido por su investigación sobre la inteligencia emocional, existen cinco características clave: autoconciencia, autorregulación, motivación, empatía y habilidades sociales.

Si quieres mejorar, es útil buscar ejemplos, líderes que hayan dominado todas las facetas de su inteligencia emocional, y aprender algunos de sus movimientos. Sin embargo, algunos de estos rasgos, como la autoconciencia, pueden ser difíciles de reconocer en otros.

Así que veamos algunas cosas que los líderes con alta inteligencia emocional nunca hacen. Ten esto en cuenta, y estarás en camino de convertirte en un líder un cociente emocional (EQ) alto.

Los líderes con EQ alto NO deben hacer:

1. Perder la calma: no perderán la paciencia y atacarán a su equipo durante las reuniones. No enviarán un correo electrónico impulsivo al que tengan que disculparse el día siguiente. Piensan antes de actuar, y saben cómo calmarse en situaciones estresantes o ansiosas. Algunos incluso aprovechan el lado positivo del estrés.

2. Trague sus emociones: Mantenerse fresco no significa que sea un robot sin emociones. Los líderes con alto EQ experimentan estrés, frustración, decepción y otras emociones negativas. La diferencia es que pueden reconocer estos sentimientos mientras están sucediendo, y pueden expresarlos de manera apropiada y constructiva en el lugar de trabajo.

3. Permiten que las fallas los desanimen: “Fail Fast” es un mantra empleado en TI, pero los líderes con un EQ más alto son especialmente buenos al mirar el lado bueno de las malas noticias y al aprender de los errores o las desilusiones. Eso es porque están intrínsecamente motivados por su trabajo. Alimenta su curiosidad y los conecta a un propósito superior. Se mantienen motivados porque tienen el ojo puesto en el premio a largo plazo, no en la ganancia rápida. No todos los experimentos tienen éxito, y los experimentos son valiosos: vea nuestro artículo relacionado, Por qué los líderes ágiles deben ir más allá de hablar de “fracaso”.

4. Contrata personal solo por ciertas habilidades técnicas: las personas altamente inteligentes desde el punto de vista emocional pueden mirar más allá del currículum para descubrir las habilidades y cualidades emocionales que harán que un candidato se ajuste bien a la cultura de su empresa. Eso es porque son expertos en leer a las personas en un nivel emocional. En pocas palabras: si su colega de EQ alto dice que no tiene una “buena intuición” sobre alguien a quien está entrevistando, debe tomar nota.

5. Decir sí a todo: ser emocionalmente inteligente no significa que seas un agrado para todas las personas. Los líderes con EQ alto no dirán que sí a todo porque entienden profundamente sus propias fortalezas y debilidades. Confían en sus habilidades, pero también son dueños de las áreas donde necesitan ayuda, y no tienen miedo de pedirla. También mantienen su posición en los debates. Si no están de acuerdo contigo, te lo dirán. Eso es lo que hace que los líderes con alto EQ sean extremadamente confiables.

6. Interrumpir: ¿tiene un colega que está constantemente interrumpiendo a las personas en una junta o en cualquier platica? Es una señal de que necesita trabajar en sus habilidades de empatía. Los líderes con alto EQ brindan su atención completa e indivisa, escuchando los puntos de vista y tratando de comprender las diferentes perspectivas.

7. Evita las conversaciones difíciles: las confrontaciones con compañeros a menudo pueden ser difíciles, pero las personas con EQ alto no evitan las conversaciones difíciles. Los líderes emocionalmente inteligentes usan los conflictos como oportunidades para construir una confianza más profunda, encontrar un terreno común y fortalecer sus relaciones laborales con los demás.

8. Apilan trabajo: debido a que las personas emocionalmente inteligentes tienen una gran autoestima y una motivación que proviene del interior, cumplen en sus roles. Debido a que son empáticos y sensibles a las emociones de los demás, quieren que sus equipos estén tan felices y satisfechos como ellos. Reconocerán cuando alguien de su equipo está luchando o estresado y tomarán medidas para aliviar su carga, sin acumularse en el trabajo.

9. Guardan rencor: las personas emocionalmente inteligentes hacen lo que deben hacer para controlar el estrés y la ansiedad en sus vidas y en su entorno de trabajo. Aferrarse a la ira no tiene sentido para las personas de EQ alto. También se protegerán de la fuente de esa ira a toda costa.

10. Derriba nuevas ideas: no tengas miedo de presentar una nueva idea a tu jefe, incluso si va en contra de una idea de ellos. Sí, los líderes emocionalmente inteligentes tienen confianza en sus propias decisiones, pero también son pensadores críticos. Ellos escucharán y estarán abiertos a tomar riesgos y cambiar el rumbo por el bien del proyecto y del equipo.

Es difícil no ponerte emocional cuando estás en medio de una conversación tensa. Después de todo, un desacuerdo puede sentirse como una amenaza. Temes que tengas que renunciar a algo: tu punto de vista, la manera en que estás acostumbrado a hacer algo, la noción de que tienes razón, o tal vez incluso el poder, y tu cuerpo por lo tanto se prepara para una pelea activando el sistema nervioso simpático. Esta es una respuesta natural, pero el problema es que nuestros cuerpos y nuestras mentes no son particularmente buenos para discernir entre las amenazas que se presentan al no seguir el plan del proyecto o al ser perseguidos por un oso. La frecuencia cardíaca y frecuencia respiratoria se disparan, los músculos se tensan, la sangre en el cuerpo se aleja de los órganos y es probable que te empieces a sentir incómodo.
Nada de esto te pone en el estado de ánimo adecuado para resolver un conflicto. Si tu cuerpo entra en el modo “luchar o huir” o lo que Dan Goleman llamó “secuestro de amígdala”, es posible que pierdas el acceso a la corteza prefrontal, la parte de tu cerebro responsable del pensamiento racional. Y tomar decisiones racionales es precisamente lo que necesitas hacer en una conversación difícil. No solo estás perdiendo la capacidad de pensar con claridad, sino que es probable que tu contraparte advierta los signos de estrés (su cara se pone roja, el ritmo de su discurso se acelera) y, debido a las neuronas espejo que nos hacen “atrapar” las emociones de otra persona, su colega probablemente se comenzará a sentir de la misma manera. Antes de que te des cuenta, la conversación se ha descarrilado y el conflicto se intensifica.
Afortunadamente, es posible interrumpir esta respuesta física, administrar tus emociones y despejar el camino para una discusión productiva. Hay varias cosas que puedes hacer para mantener la calma durante una conversación.
Respirar. Las técnicas simples de atención plena pueden ser tu mejor amigo en situaciones tensas y ninguna es más directa y accesible que usar la respiración. Entonces, cuando empieces a notar que te pones tenso, trata de concentrarse en la respiración. Observa la sensación de entrada y salida de aire de sus pulmones. Esto quitará tu atención de los signos físicos de pánico y te mantendrá centrado. Algunos expertos en mindfulness sugieren contar tu aliento, ya sea inhalando y exhalando por un conteo de 6, por ejemplo, o simplemente contando cada exhalación hasta llegar a 10 y luego comenzar de nuevo.
Concéntrate en tu cuerpo. Sentarte quieto cuando estás teniendo una conversación difícil puede hacer que las emociones se acumulen en lugar de disiparse. Los expertos dicen que ponerse de pie y caminar ayuda a activar la parte pensante de su cerebro. Si tú y tu contraparte están sentados en una mesa, pueden ponerse de pie de repente. Podrías decir: “Siento que me necesito estirar un poco”. ¿Te importa si camino un poco? “Si todavía no te sientes cómodo, puedes hacer cosas pequeñas como cruzar los dedos o colocar los pies firmemente en el suelo y darte cuenta de cómo se siente el piso en la parte inferior de tus zapatos. Los expertos en atención plena lo llaman “anclaje”. Puede funcionar en todo tipo de situaciones estresantes.
Ten un mantra. Este es un consejo de Amy Jen Su, socia gerente de Paravis Partners y coautora de Own the Room. Ella recomienda encontrar una frase que puedas repetir para que mantengas la calma. Puedes probar con “Esto no es sobre mí”, “Esto pasará” o “Esto es sobre negocios”.
Reconoce y etiqueta tus sentimientos. Otra táctica útil proviene de Susan David, autora de Emotional Agility. Cuando te sientes emocional, “la atención que das a tus pensamientos y sentimientos llena tu mente; no hay espacio para examinarlos “, dice ella. Para distanciarte del sentimiento, etiquétalo. “Llamar a un pensamiento un pensamiento y una emoción una emoción”, dice David. Etiquetar así te permite ver tus pensamientos y sentimientos por lo que son: “fuentes transitorias de datos que pueden o no ser útiles”. Cuando colocas ese espacio entre estas emociones y tú, es más fácil dejarlas ir, y no entiérralos o déjalos explotar.
Toma un descanso. Este es un enfoque muy infrautilizado. Cuanto más tiempo te dediques a procesar tus emociones, menos intensas serán. Así que cuando las cosas se calienten, es posible que tengas que excusarte por un momento: toma una taza de café o un vaso de agua, ve al baño o da un breve paseo por la oficina.

Ten en cuenta que probablemente no seas el único que está molesto. Es probable que tu contraparte también exprese enojo o frustración. Si bien es posible que quieras darles los consejo anteriores, nadie quiere que le digan que necesitan respirar profundamente o tomar un descanso. Por lo tanto, es posible que te encuentres en una situación en la que solo debas dejar que la otra persona se desahogue. Sin embargo, eso es generalmente más fácil decirlo que hacerlo. Es difícil no gritar cuando te están atacando, pero eso no va a ayudar. Jeanne Brett, profesora de resolución de disputas y negociaciones en Kellogg School of Management, sugiere visualizar las palabras de su compañero de trabajo pasando por encima de su hombro, sin golpearlo en el pecho. Pero no actúes solo; es importante mostrar que estás escuchando. Si no alimentas la emoción negativa de tu contraparte con la tuya, es probable que se calmen.

Seamos sinceros. Los conflictos con compañeros de trabajo pueden ser difíciles. Pero no resolverás los problemas subyacentes ni mantendrás una relación positiva si continúas la conversación cuando estás completamente agotado. Con suerte, estas cinco tácticas te ayudarán a pasar de enojado y molesto a genial y fresco como una lechuga.

Cuando la mayoría de las personas piensa en la inteligencia, imaginan a un matemático resolviendo ecuaciones, un novelista que escribe grandes obras literarias o un filósofo que expone sabios principios.

Pero la brillantez adopta muchas formas, incluida la capacidad de comprender y controlar las emociones. Conocido como inteligencia emocional, este rasgo a menudo se pasa por alto, pero es crucial para el éxito como líder empresarial.

Esto es lo que te brinda la inteligencia emocional:

Conciencia aguda

Una de las características definitorias de la inteligencia emocional es la capacidad de comprender los efectos de tus sentimientos. Esto es crucial para tomar decisiones sólidas y objetivas cuando tu orgullo y autoestima están en juego. Todos los líderes deben enfrentar situaciones donde sus emociones hacen que una decisión parezca mejor de lo que es.

Si anteriormente expresaste tu apoyo a una determinada estrategia, por ejemplo, tu orgullo estará ligado a esa estrategia, lo que dificultará reconocer si no está funcionando. Los líderes que tienen inteligencia emocional son más propensos a darse cuenta cuando el orgullo y otras emociones influyen en su pensamiento, lo que les permite tomar decisiones más racionales e imparciales.

Interpretación de impacto

Además de reinar en tus propios sentimientos, la inteligencia emocional hace que sea más fácil anticipar y responder a los sentimientos de los demás. Por mucho que deseemos para que sea objetivo, los negocios son una experiencia emocional.

Si anteriormente expresaste tu apoyo a una determinada estrategia, por ejemplo, tu orgullo estará ligado a esa estrategia, lo que dificultará reconocer si no está funcionando. Los líderes que tienen inteligencia emocional son más propensos a darse cuenta cuando el orgullo y otras emociones influyen en su pensamiento, lo que les permite tomar decisiones más racionales e imparciales.

Las malas noticias del trabajo pueden conmocionar o consternar a sus empleados, mientras que las buenas noticias pueden hacer que sean irracionalmente optimistas. La inteligencia emocional significa que puede saber de antemano cómo reaccionarán los demás y desarrollar una estrategia para mantenerlos en la tierra.

Gestión de salud mental

Aquellos con inteligencia emocional tienen la facilidad para evaluar el estado emocional y psicológico de sus empleados. Esto hace que sea más fácil determinar si alguien está sufriendo de:

• Ansiedad

• Depresión

• Dolor

• Trauma

Al reconocer las amenazas a la salud mental de sus empleados, puedes brindarles el apoyo y los recursos profesionales que necesitan para recuperarse. No solo es bueno para su salud sino que también promueve un lugar de trabajo más armonioso y productivo.

Comunicación proactiva

Los líderes con inteligencia emocional tienen una capacidad mejorada para medir las respuestas de los demás a sus palabras y acciones. Esto hace que sea más fácil para ti saber si tus empleados realmente entienden lo que estás diciendo o si están confundidos pero no están dispuestos a decirlo. Luego puedes refinar tus mensajes en consecuencia, desarrollando formas confiables de comunicarte con todas las personas que trabajan para ti.

La inteligencia emocional también hace que sea más fácil para ti escuchar lo que otras personas dicen claramente y sin juzgar, asegurando que los demás siempre te puedan dar la información que necesitas.

Humor

Nunca subestimes el valor del humor en los negocios. Un buen chiste o un juego inteligente de palabras puede alegrar a los empleados consternados, ganar clientes escépticos y atraer la atención positiva hacia tu marca. Si tienes inteligencia emocional, será más fácil decir lo que la gente encontrará divertido. También puedes determinar en qué situaciones será apropiado el humor, encontrando el equilibrio adecuado entre el trabajo serio y la despreocupación.

Si bien la inteligencia es importante, la inteligencia emocional es clave para el éxito en el liderazgo y para poder relacionarse con los demás. Al tratar con los demás, trata realmente de ubicarte en su situación. Te ayudará a elegir el mejor método para resolver problemas y alcanzar tus objetivos.

¿De qué manera la inteligencia emocional te ayudó a tomar decisiones sensatas e informadas?

SUBIR